petencias humanas y relacionales. La empatía no surge únicamente de manera espontánea; también
puede ser estimulada y desarrollada mediante experiencias educativas con un enfoque
socioformativo por competencias significativas, el contacto temprano con pacientes, la reflexión
ética en valores, el aprendizaje basado en problemas y, sobre todo, a través del ejemplo que brindan
los docentes y los especialistas que apoyan la formación en las diferentes áreas.
Esta reflexión adquiere especial relevancia en el ámbito académico. Los docentes no solo transmiten
conocimientos científicos, sino que también modelan actitudes y comportamientos profesionales
que los estudiantes reproducen en su ejercicio laboral. Cada interacción en el aula, en los escenarios
clínicos o en los espacios de investigación constituye una oportunidad para demostrar que la
excelencia profesional y la sensibilidad humana no son elementos opuestos, sino componentes
complementarios de una formación integral.
Como investigadora, he tenido la oportunidad de participar en estudios relacionados con la empatía
en las ciencias de la salud, experiencia que me ha permitido comprender que esta competencia
continúa representando un desafío para las instituciones formadoras. En un estudio multicéntrico
realizado con docentes en el área de la salud de diversos países de América Latina en el área de
medicina, enfermería y odontología, se evidenció que los niveles de empatía se concentran
predominantemente en rangos moderados, identificándose además oportunidades para fortalecer
esta competencia en los entornos académicos. Los hallazgos resaltan la importancia de impulsar
acciones institucionales orientadas al desarrollo de habilidades socioemocionales, la comunicación
asertiva y efectiva y la comprensión de las distintas realidades que enfrentan pacientes y
estudiantes.(1)
La relevancia de este tema resulta particularmente significativa en la actualidad. La creciente
digitalización de los servicios de salud y la incorporación de inteligencia artificial con el aumento de
la atención virtual han transformado las interacciones entre profesionales y pacientes. No obstante,
ninguna herramienta tecnológica puede sustituir la capacidad humana de escuchar activamente,
interpretar emociones, miradas o brindar apoyo en momentos de vulnerabilidad. La tecnología
puede potenciar los procesos asistenciales, pero la empatía sigue siendo el elemento que otorga
sentido humano al acto de cuidar y proteger.
Es por ello que la empatía posee un impacto que trasciende la relación clínica; en los espacios
educativos, contribuye a construir ambientes de aprendizajes más inclusivos y respetuosos; en la
investigación, esto abona a la comprensión más profunda de las necesidades de las poblaciones
estudiadas y la gestión institucional para favorecer la toma de decisiones orientadas al bienestar de