Al respecto, García Aretio (2020) expone que,
en muchos estudiantes y docentes, suscitan
dudas la rigurosidad y justicia de las decisiones
finales de la evaluación de aprendizajes, dada
la ligereza de la proposición de algunas
pruebas y, a veces, la arbitrariedad en la
valoración, que llevarían a que evaluadores de
una misma actividad, pregunta o prueba,
ofrecieran valoraciones muy distantes en su
resultado. El reconocimiento superlativo es que
el diseño de las pruebas es determinante para
obtener resultados evaluativos sobre la calidad
y el progreso educativo.
En referencia a las pruebas estandarizadas de
evaluación de aprendizajes, Fernández Navas
et al. (2017) sintetizan que son instrumentos
para valorar, de forma masiva, el alcance de
aprendizajes por el alumnado; atribuyendo los
resultados al sistema educativo y dan evidencia
de las carencias o bondades del mismo,
siguiendo un esquema lineal: el sistema
educativo produce aprendizajes en los
estudiantes y la medición de tales resultados
permite determinar el valor del propio sistema
educativo, lo que a su vez señala con claridad
qué cambios deberían introducirse para
mejorarlo.
En el contexto centroamericano, Narváez
Herrera (2023) expone que las evaluaciones
estandarizadas son pruebas sumativas con un
puntaje predeterminado que mide los
aprendizajes y las habilidades básicas en
lectura y matemática; que son aplicadas en
distintos países y regiones para comparar sus
resultados, sin considerar las particularidades
de cada contexto de aprendizaje. A nivel
global, Valentí y Duarte (2022) evaluaron la
percepción de los docentes respecto a las
pruebas estandarizadas y su influencia en las
prácticas evaluativas en el aula. Los resultados
concluyeron que, aunque las pruebas
estandarizadas son vistas como un medio para
asegurar la equidad y la rendición de cuentas,
muchos docentes sienten que estas pruebas
limitan su capacidad para evaluar.
La UNESCO (2024) señala que las pruebas
formativas son diagnósticas y adoptan diversas
formas como deberes, pruebas, proyectos y
presentaciones. Usualmente, se realizan al final
de una unidad, trimestre o año, y determinan si
el alumnado ha adquirido los conocimientos y
habilidades requeridos. Por su parte, las
evaluaciones sumativas, como las pruebas
estandarizadas, se utilizan para obtener
información sobre la eficacia del rendimiento
educativo, principalmente de aprendizajes
fundamentales de lenguaje y matemáticas, con
la misión de comparar resultados internos entre
el sistema educativo y externo a nivel
internacional.
En el contexto salvadoreño, el sistema nacional
de evaluación aplica pruebas evaluativas
formativas y estandarizadas. Respecto a las
formativas, el MINEDUCYT (2008) las
reconoce como las más adecuadas para orientar
el proceso de enseñanza-aprendizaje y
optimizar los esfuerzos y recursos. Se
considera que su aplicación es parte de la
práctica habitual del docente, con el fin de
detectar avances, posibilidades, limitaciones y
otras variables.
A nivel europeo, Black y Wiliam (2018)
exploraron en Inglaterra el impacto de la
evaluación formativa en el rendimiento
estudiantil, encontrando que la
implementación efectiva de estas prácticas
puede mejorar significativamente el